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Socialistas Indignados

Porque la inacción no es una opción

Presentación

¡Hola!,
Soy Luis Fajardo, abogado, profesor de Derecho, y socialista indignado. No estoy afiliado al PSOE, al menos a la hora de escribir estas líneas, pero he solicitado mi alta. Estoy indignado, y pienso actuar para cambiar el funcionamiento de este partido, que responda a lo que siempre he sentido que debía ser y hemos dejado que camine por otros derroteros. Te pido tu ayuda, como militante, como simpatizante, o como ciudadano comprometido:
¡La inacción no es una opción!

MOTIVOS

Estos son mis principales motivos. Sin duda tú tendrás los tuyos.


La noble y honorable labor de hacer política se ha convertido con demasiada frecuencia en marketing, clientelismo, e intereses no siempre muy declarables. Hay razones para la indignación, y claramente se ha oído en estos días y en nuestras plazas lo que se venía sabiendo desde hace tiempo. Ahora han sido muchos y de toda índole los ciudadanos que, indignados, exigen que la política represente el sentir popular.

El problema es global, y afecta a todos los partidos, incluso al socialismo democrático, que como tal siempre ha estado en sintonía con los movimientos sociales, porque sus bases suelen nutrir éstos. De hecho, y aunque el llamado 15M ha aglutinado a personas de muy variada condición, también en lo ideológico, es justo reconocer en sus mejores propuestas la coincidencia de valores y medios con el socialismo democrático.

El PSOE ha de reconocer que ha permitido una ruptura con sus bases, abandonándose la vida de las agrupaciones locales, y en un partido democrático por principios, es necesario reconstruirla. Es justo echar las culpas a sus dirigentes, pero no lo es no mirar también a nuestra pasividad. Como ciudadanos es mejor quejarse que quedarse impasible ante los problemas, pero la construcción de esta sociedad se ha de hacer entre todos, y para ello no basta la queja, es necesario la acción constructiva, la participación cotidiana en eso que es lo de todos: la política, que nos han arrancado con la anestesia del bienestar, del todo va bien, y el machaqueo de los medios de incomunicación de masas; y la degradación de lo público, que aleja de ello a los más válidos y voluntariosos, salvo a los héroes, de los que quedan pocos, y que se ven rodeados de mediocres e intereses demasiadas veces poco confesables.

No sería bueno dejar morir esta expresión de malestar y al tiempo de ilusión colectiva por un futuro mejor, sino que es necesario que de ahí surjan soluciones. Y ello pasa por la inclusión de este sentir en los cauces democráticos... No basta votar cada cuatro años. Los socialistas deben formular una propuesta que puedan presentar a su electorado, y esa propuesta no puede ser un mero lavado de cara.

La recuperación de la conexión con la base sólo puede lograrse desde un congreso que, después de trazada la línea ideológica, decida con honestidad las personas encargadas de defenderlas. No es posible anticipar las personas adecuadas a las ideas (y así viene haciéndose en el socialismo español: recordemos la no presentación de Felipe González a Secretario General por no encontrarse en condiciones de defender la línea política trazada por el Congreso, lo que le honra). Los cimientos son sólidos, la avala una larga tradición democrática, no obstante insuficiente y plagada en los últimos tiempos de barones y clientelismos que nada bueno le hacen. Esa reconstrucción interna puede ser la fuerza que motive un cambio político en un tiempo en que éste es de todo punto necesario. Este manifiesto es una llamada a las bases y simpatizantes del PSOE, y aún a toda la sociedad española, para que desde el partido que en mejor posición está de liderar un cambio democrático, y uniéndonos entre todos, consigamos operar éste, y dar un giro a la política española y, tras ello, a la europea y mundial.

Pueden detectarse síntomas de este cambio en otros países: los ciudadanos franceses se han cuestionado en ocasiones la adopción de normas impuestas desde un pretendido consenso internacional y que le son impuestas como normas comunitarias en el ámbito nacional, sin posibilidad de discusión ni moderación por sus representantes libremente elegidos; los islandeses se han negado a asumir los errores de sus entidades de crédito; en Grecia también se oyeron hace tiempo gritos de descontento con el sistema político; los italianos no paran de padecer y compadecerse de un modelo mediático que tiene la política secuestrada; y el mundo árabe avanza también, desde otros orígenes más complicados, hacia una profundización democrática.

Siempre profundización, pues es una meta a la que nunca se llega, por más que avanzar hacia ella siempre es necesario. Es de justicia reconocer el camino andado, y agradecer el esfuerzo de la inmensa mayoría de la sociedad, de nuestros conciudadanos, desde el inicio de la transición a nuestros días, y aún en la historia moderna de España, y muy especialmente el del socialismo español, pero no nos basta. No podemos abandonarnos a los cantos de sirena que prometen una recuperación a esta crisis que dicen cíclica, y seguir con las mismas injusticias que la han provocado. Desde aquí, indignados ante este comportamiento pasivo, llamamos a quienes quieran secundar esta propuesta a seguir avanzando en la profundización democrática.

Esta crisis no nos lleva a una nueva etapa de prosperidad, como afirma el conservadurismo, porque:

La política ha de estar al servicio de enfrentar estos retos con ilusión y creatividad y, desde luego, desde los planteamientos democráticos y la honestidad política que ha caracterizado históricamente al movimiento socialista. Hay que proponer soluciones imaginativas, pero sin renunciar ni un ápice a los valores de siempre, ni a las fórmulas que han demostrado su éxito en mayores cotas de justicia y bienestar social (un Gobierno socialista en una España con menos medios, ante los riesgos de empresas como Rumasa o Banesto para la economía y la pérdida de puestos de trabajo, actuó de modo muy distinto a las recetas actuales, haciendo que los errores los pagaran los que los causaban y en mayor grado se beneficiaban de ello, y no que los repartamos entre todos para mantener la especulación de unos pocos). No aceptamos dejarnos arrastrar por la marea conservadora que ha copado gran parte de las prácticas sociales, y amenaza con destruir logros históricos del socialismo democrático.

Esos cambios de política, en el PSOE, los deciden los congresos y no las Conferencias políticas. Éstas, hasta la fecha, han sido producto del trabajo de gabinetes técnicos que reciben el encargo, más que de discusiones políticas. Si se mantiene la decisión de realizar ésta y no un Congreso, para que sea creíble debería operar como aquél (ponencia marco previa remitida a los militantes, plazo de enmiendas, convocatorias de asambleas para su debate, etc...). Puestos a ello, ¿porqué no acudir directamente al congreso? Además, es el Congreso quien “define los principios y fija los programas”, y quien establece “la línea política” (dicen los estatutos del PSOE [ver en pdf], en su artículo 30.1.a), cosa que no pueden hacer las Conferencias Políticas (a la que sólo se le destina un pequeño espacio en la letra w del artículo 35, dependiendo del Comité Federal, que tan sólo puede establecer las líneas de la política electoral “de acuerdo con las Resoluciones de sus Congresos”, art. 35, letra g).

Hace falta el compromiso cívico de participar con la fuerza de la unión de quienes así pensamos, desde la base, desde las agrupaciones, desde nuestra militancia, o como simpatizantes, o simplemente como ciudadanos atentos y dispuestos a tomar nuevamente las calles cuantas veces sea necesario, sabiendo no obstante de la necesidad de que algunos de nosotros (si todos no fuese posible) estemos ahí, en los partidos políticos y muy especialmente en el PSOE, y de que otros, ya se verá quienes, sin renegar de las mejores experiencias y de las personas que las encarnan, tomen puestos de responsabilidad política. Es una batalla de las ideas, sí; pero éstas deben de ser defendidas por quienes hayan demostrado que realmente, con compromiso y sin más ambiciones que ayudar a este cambio, son sus dignos portadores y defensores.

El reto es grande, sólo se requiere la firma de la mitad más uno de los militantes, esto es, unas 110.001 firmas democráticas. Pero el reto que enfrenta nuestra sociedad y nuestro planeta es mayor, y necesitamos ponernos en marcha.

Por todo ello. Y por mucho más.